Escribimos como somos

 

Escribir es un acto cotidiano y diario. Cada trazo, cada curva o ángulo y cada espacio que dejamos plasmado en el papel es el resultado de un complejo proceso neurológico. En la escritura reflejamos nuestra personalidad, nuestras emociones y nuestra forma de relacionarnos con el mundo. De ahí, la premisa de escribimos como somos.

Cuando escribimos, no solo dibujamos letras, también dejamos la huella de nuestra energía, de nuestro ritmo interno. La grafología parte de, que en cada escritura hay unos gestos gráficos propios, que son una expresión espontánea que surge de la interacción entre el cerebro, la motricidad fina y el estado emocional del momento. Por eso, nuestra escritura es cambiante y se adapta a múltiples situaciones. Cualquier cambio en nuestra forma de ser, ya sea estrés, madurez, inseguridad… queda reflejado en el papel. La escritura es un acto dinámico, al igual que lo es la personalidad.

La Grafología nos ofrece la posibilidad de descubrir que, efectivamente, escribimos como somos, y que cada palabra escrita a mano es un pequeño retrato de nuestra identidad.